Lagrimas de cocodrilo




extraño esas noches en que sagradamanete tenía una cita conmigo misma, y la mi misma de mi espejo. Urgaba hasta lo mas profundo, atravesando latas, alahambres, placas y monturas. Me tomaba el tiempo de henebrar, una y otra vez, y una, y otra vez, y de nuevo una y otra vez, y una, y otra vez,  y otra vez, una y otra vez, y una, y otra vez. Aveces encontraba porquerías, aveces el camino libre. Era como un masaje a los pensamientos materializados que sobran. No sirven.

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